El ayuno es una práctica que va más allá de la abstinencia de alimentos; se trata de una poderosa herramienta espiritual que fortalece la comunión con Dios, ejercita la disciplina y busca la orientación divina. En Joel 2:12, el Señor invita a Su pueblo a un retorno sincero a Él por medio del ayuno, el llanto y el lamento, destacando esta privación como una expresión de arrepentimiento y adoración.
Según el Misionero R. R. Soares, el ayuno sirve para fortalecer al cristiano y acercarlo más al Señor. “¿Cuándo debo practicarlo? Cuando la carne está tomando el control de tu vida. En ese momento, ayunas para quebrantarla y volver a la comunión con Dios”, explicó en una de sus predicaciones. “A veces no actuamos, cedemos espacio y dejamos que la carne domine. Es en ese momento cuando debemos ayunar”, advierte. En su perfil en X (antes Twitter), el Misionero también habló del tema: “Uno de los propósitos del ayuno es prepararnos para ser usados por Dios. Así podemos ayudar a quienes no conocen el amor ni el poder de Jesucristo.”

Pr. Jamil Ribacki, líder de la IIGD en Maranhão: “Durante el ayuno, la persona se abstiene de alimentos y se dedica a la oración y a la lectura de la Palabra. Este período contribuye a la solución de conflictos” – Imagen: Archivo personal
De acuerdo con el pastor Jamil Ribacki, líder estatal de la Iglesia Internacional de la Gracia de Dios (IIGD) en Maranhão, esta práctica debe verse como un acto de consagración. “Durante el ayuno, la persona se abstiene de alimentos y se dedica a la oración y a la lectura de la Palabra. Este período contribuye a la solución de conflictos.”
Ribacki recuerda que esta práctica fue común entre varios personajes bíblicos, quienes la utilizaron como una herramienta espiritual poderosa en momentos decisivos. El mismo Jesús, antes de iniciar Su ministerio, ayunó durante 40 días en el desierto (Mateo 4:2).
“Daniel, durante 21 días, rechazó los alimentos agradables y, al final de ese período, recibió la respuesta de que una guerra fue librada en el mundo espiritual mientras él ayunaba (Daniel 10:12-13). También está Ester, quien propuso tres días de abstinencia total de comida y bebida (Ester 4:16), ya que había un decreto de exterminio contra el pueblo judío, y ella necesitaba hallar gracia ante los ojos del rey para interceder por su pueblo”, ejemplifica el pastor.
Ribacki también comparte su testimonio: “Durante mi caminar cristiano, viví muchas experiencias espirituales a través del ayuno, pero, sin duda, la que más me marcó fue un ayuno de tres días, como el de Ester. En aquella ocasión, necesitábamos una respuesta de una autoridad local. Después de ese tiempo de consagración, fui a encontrarme con él, y apenas al verme me dijo: ‘¡Tenemos que resolver tu problema!’. Una situación que llevaba meses sin solución fue resuelta en minutos. Sin embargo, me gusta enfatizar que no es algo aleatorio, sino dirigido por el Espíritu Santo, a través de la oración y la lectura de la Biblia.”
El pastor aconseja: “Cuando el creyente percibe que la revelación de la Palabra está distante, o siente cierta pereza espiritual, debe ayunar para fortalecer su comunión con Jesús.”





