Esta fue la forma encontrada por Marilza Bahia, que ya no podía lidiar con el dolor y la depresión. Conozca cómo ganó esta fase

Marilza Bahia – Imagen: Rodrigo Di Castro
Los dolores en la columna vertebral y en el brazo derecho, causados por el esfuerzo repetitivo en su trabajo en una pastelería, volvieron la vida de Marilza Bahia de Souza. “Además de haber sido diagnosticada con síndrome del túnel carpiano, sentía entumecimiento en el brazo. Debido a este cuadro, estuve de licencia durante cinco meses”.
Esta situación cambió el comportamiento de Marilza. Ya no le gustaba hablar con nadie y, en el período que se quedó en casa, empeoró, pasando de la angustia a la depresión. “Cuando terminó mi licencia, no pude volver al trabajo, porque, además de los mismos síntomas, ahora también sufría psicológicamente. Tuve que llamar a la Justicia para mantenerme alejada de la tienda. Empecé a hacer terapia y a tomar cinco medicamentos al día”.
En su habitación, intentaba esconderse de tantos problemas. “Estaba encerrado hasta por tres días. Lloraba mucho. Todo lo que viví volvió a mi mente, como la separación de mis padres, por ejemplo. Por si fuera poco, todavía estaba en dificultades financieras y no compartía mis problemas con los demás”.
Para pagar los gastos de la casa, Marilza se armó de valor y decidió vender pasteles. En esta nueva empresa, a través de una persona, conoció al que sería su esposo y también visitó la Iglesia de la Gracia por primera vez. Y su vida comenzó a tomar un rumbo diferente.
“Aprendí, leyendo y escuchando la Palabra de Dios durante los cultos, a determinar el fin de todo mal. Expulsé la depresión y los dolores en la mano, el brazo y la columna vertebral”, recuerda, detallando que la bendición fue completa. “Algún tiempo después, me casé y también abrí una pastelería. Nunca olvidaré lo que Dios hizo por mí”.





