Vergüenza y baja autoestima

Con una grieta en una de las uñas, Irinéia escondió su mano y no sabía qué más hacer para cambiar esa situación

Irinéia Rosa Vicente siempre ha cuidado la apariencia, y mantener las uñas lijadas, sin cutículas y pintadas, incluso con esmalte incoloro, es parte de su rutina de autocuidado. Por esta razón, se preocupó mucho cuando notó una grieta en la uña del pulgar izquierdo.

“No perdí el tiempo y fui a un dermatólogo para averiguar qué estaba pasando. Sin un diagnóstico exacto, se le recetó un medicamento que no surtió efecto. Así que recurrí a otros médicos, y todos me recomendaron medicamentos caros que tampoco resolvieron el problema. Ni siquiera los consejos caseros que recibí me ayudaron”.

En una de las consultas, recibió el diagnóstico: “El especialista dijo que la matriz estaba dañada”, recuerda, mencionando la estructura principal de las uñas, responsable de la proliferación celular. El daño a este componente puede causar una serie de imperfecciones y, si se destruye, será imposible crear una nueva uña.

“Cada día que pasaba, la grieta se hacía más visible. Crecía y se rompía. Cuando se rompía, se enganchaba a los objetos, causando dolor y sangrado. Estuve casi tres años con esta molestia”.

Uña restaurada

A pesar de afectar solo a una uña, ese daño dañó la autoestima de Irinéia. “Me hice las otras uñas, pero no podía tocar esa. Si lo pintaba, empeoraba, porque resaltaba la grieta, así que intentaba esconder la mano, avergonzado”.

Sin saber a quién acudir, buscó ayuda del médico. “Empecé a asistir a la Iglesia de la Gracia en Marechal Hermes y a hacer campaña por el fin de esa situación que tanto me molestaba. En uno de los servicios, sentí un gran refrigerio y descansé mi corazón, olvidándome del problema. Unos días más tarde, me di cuenta de que la uña había crecido sana y sin grietas. ¡Jesús me curó!”, glorifica a Irinéa.

El IIGD en Marechal Hermes se encuentra en la calle Carolina Machado, nº 1.924 – Río de Janeiro (RJ).