La pequeña gran guerrera de Jesús dividió el espacio uterino con un quiste que alcanzó casi el mismo tamaño que ella

Imagen: Archivo personal
Daiana dos Santos Albuquerque siempre soñó con tener una hija. Ya era madre de Mateus y Felipe cuando quedó embarazada de Mariana en 2018. Sin embargo, había un quiste sanguíneo, de 7 cm, en el ovario izquierdo, que hizo que el embarazo se llenara de complicaciones, ya que aumentaba y causaba hemorragias intensas.
“En el primer mes, cualquier movimiento provocaba pérdida de sangre. Vivía haciéndome pruebas en el hospital. Fue el embarazo en el que más me sentí mal. Una noche, cuando me levanté de la cama, había un charco de sangre en el suelo. El médico me examinó y me pidió reposo total”.
En esa etapa, asistió a un programa del Misionero R. R. Soares en el que este líder rezaba por las madres. “Él dijo así: ‘Tú que estás acostado en la cama sangrando, escucha bien: tu fruto será de nueve meses. ¡Su gestación será completa!’. He tomado posesión de esta Palabra”.
Daiana entendió que el fundador de la Iglesia Internacional de la Gracia de Dios era portador del mensaje del Espíritu Santo. Las circunstancias me mostraron que mi embarazo no se vengaría o que mi hija nacería prematuramente. Pero esa palabra del Misionero me transmitió paz. Sabía que la gestación sería completa”.
Después de un tiempo, el sangrado disminuyó. “El quiste seguía creciendo y, a los ocho meses, me diagnosticaron acretismo placentario. Cuando esto ocurre, la placenta se adhiere al útero de manera inusual, pudiendo llegar a otros órganos, siendo indicativo de una cesárea de riesgo, ya que no se sabía qué tan profundamente se había enraizado la placenta, y podría perder un ovario o el útero”.
Daiana permaneció en reposo máximo. Con nueve meses y tres días, la bolsa reventó. “Fue increíble, porque, en ese período, dije: ‘Señor, tu fruto está completo’. Y así sucedió. El quiste era enorme: 16 cm y 2 kg. Era como si estuviera embarazada de gemelos. Mariana nació sana, pesando 2,7 kg y midiendo 44 cm. Y la placenta no estaba tan enraizada como mostraba el examen. Dios también trabajó en esto, porque no perdí ningún órgano”.
Después de la biopsia, el quiste fue evaluado como benigno. Con el tamaño alcanzado por él, Mariana prácticamente se quedó sin espacio para crecer. “Ella luchaba todo el tiempo dentro de mi vientre para tener un lugar. Afortunadamente, el quiste no se torció ni se rompió. Si eso sucediera, podría causar una infección y pasar a otros órganos, y así correría el riesgo de muerte”.
Otro drama
“Cinco horas después del nacimiento de mi hija, tuvo apnea y permaneció en la UCI neonatal para recibir tratamiento antibiótico. Fueron nueve días de hospitalización, pero me quedé en la fe. Sabía que seríamos testigos de la victoria”.
Mariana fue evolucionando hasta que fue dada de alta. Hoy tiene cuatro años. El año pasado, la familia se reencontró con el misionero R. R. Soares en una de sus campañas en la Iglesia de la Gracia en Maricá, pastoreada por Marcelo Araújo, padre de la niña. “Ella es firme y fuerte, testificando el Nombre del Señor. Mariana es un milagro”, concluye la madre.





